Lun. Mar 23rd, 2026

El viaje del agua desde nuestros hogares hasta los ecosistemas marinos

Paola A. Tenorio-Rodríguez y Román M. Vásquez-Elizondo

“Agua pasa por mi casa...” dice una conocida rima infantil. Aunque suele usarse como un juego de palabras, quizá encierre una pregunta que niños y adultos podríamos hacernos: ¿Qué pasa con el agua que pasa por la casa?  ¿A dónde se va?

Una vez que sale de nuestros hogares, el agua no se detiene: continúa su camino y en muchos casos, termina en el mar, que forma parte del gran sistema de océanos del planeta.

Los océanos, enormes masas de agua salada que cubren más del 70 % de la superficie de nuestro planeta, están estrechamente conectados con los procesos que ocurren en tierra. Cuando el agua que utilizamos en casa se infiltra en el suelo o circula a través de ríos y acuíferos, puede transportar también algunos “invitados” no tan gratos para el océano. Contaminantes como patógenos, medicamentos, fertilizantes y plásticos pueden alterar el equilibrio de los ambientes marinos, afectar a peces, corales y otros organismos, y contribuir al deterioro de los ecosistemas marinos. 

En muchas regiones del mundo el agua llega al mar a través de ríos y escorrentías superficiales. En la Península de Yucatán ocurre algo distinto; gran parte del agua circula bajo tierra, a través de cenotes y ríos subterráneos. Muchos de estos conectan con el mar, particularmente con el mar Caribe, en los famosos ojos de agua.

En nuestra región, así como en todo el litoral mexicano, las comunidades costeras dependen de océanos saludables para su subsistencia. Actividades como la pesca, el turismo, y la recreación dependen de ambientes marinos en buen estado para poder mantenerse a largo plazo. Por ello, la calidad del agua que finalmente llega al mar es fundamental para la salud de estos ecosistemas. Cuando esta se deteriora, los efectos pueden sentirse tambien en actividades como el turismo y su disminución en las playas de Quintana Roo, durante los eventos de acumulación y descomposición masiva del sargazo. 

¿A qué ecosistemas nos referimos? En la península de Yucatán encontramos varios ejemplos. Los pastos marinos, por ejemplo, en algunas zonas de la costa norte del estado (Celestún, Sisal, Progreso, por mencionar algunos) forman extensas praderas submarinas en aguas poco profundas, que sirven de refugio para peces, crustáceos y otras especies, además de ayudar a estabilizar los sedimentos. 

Los arrecifes coralinos, como el arrecife Alacranes (ubicado a unos 140 km de Progreso), albergan una enorme biodiversidad, sin embargo, también son particularmente sensibles a cambios en la calidad del agua. Las macroalgas, por su parte, pueden llegar a formar hábitats que sostienen cadenas alimenticias marinas y proporcionan refugio a numerosos organismos, algunos de ellos de interés comercial. En el espacio entre el mar y la tierra, los manglares también desempeñan un papel fundamental: actúan como barreras naturales que protegen las costas de tormentas y sirven como zonas de crianza para muchas especies marinas. 

El Día Mundial del Agua, celebrado cada 22 de marzo, nos recuerda que este recurso es esencial para la vida en el planeta. También es una oportunidad para para reconocer y visibilizar las conexiones invisibles entre nuestros hogares y los ecosistemas marinos. El agua libre de estos invitados no deseados es vital para la salud y la sostenibilidad de nuestros océanos y sus recursos: sustenta la vida marina, contribuye al bienestar humano y sostiene muchas economías costeras que dependen de océanos saludables.

Después de todo, el agua que pasa por nuestras casas no desaparece: tarde o temprano, también llega al mar.

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