Por: Paul Matos
Segey afirma que protocolos fueron correctos y tutores dieron de baja voluntariamente a jóvenes
Padres de familia de dos ex alumnos del colegio privado The Workshop Instituto de Educación Progresiva, en Mérida, Yucatán, denunciaron al personal directivo del plantel por los delitos de “discriminación, amenazas, tortura en su vertiente psicológica y otros tipos penales” a niñas, niños y adolescentes, ante la Fiscalía General del Estado.
La directora del centro educativo Caty Franco Díaz no respondió a la consulta para este reportaje.
En su sitio, The Workshop resalta ser “una escuela socioconstructivista y progresiva” que implementa el plan nacional de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE) y forma parte de Cambridge Assessment International Education, vinculada a la red escolar de la Universidad de Cambridge. El colegio realiza tests que ubican a niños como probables acosadores y reciben cursos de asertividad, empatía y resolución pacífica de conflictos.
A pesar de ser una escuela enfocada en el combate al acoso, los padres señalaron que The Workshop Mérida carece de protocolos referentes al acoso administrativo. En conjunto con el abogado Jorge Ruiz del Ángel, fundador de Estudio de Asistencia Legal y en Derechos Humanos (ALDH), interpusieron distintas denuncias y quejas a organismos públicos en Yucatán. Las denuncias y quejas contra The Workshop Mérida fueron interpuestas bajo el argumento de contravenir los derechos de las infancias y adolescencias según la Unicef y la Constitución Mexicana.
Ruiz del Ángel declaró que la atención a niñas, niños y adolescentes por parte de las instituciones educativas debe ser “bajo un enfoque educativo, cero punitivo, sin violencia. No debe ser abordaje punitivo, si es así, quizás le estás generando más daño de lo que puedas imaginar”. Indicó que en el caso de The Workshop, las denuncias muestran que se abordó a través del castigo y no la resolución.
Por ser menores de edad, y a solicitud de los padres de familia, se reserva la identidad de los jóvenes, así como de las madres y los padres que solicitaron el derecho a anonimato. Sus nombres fueron modificados.
Los dos jóvenes afectados realizaron el mismo test de la AEPAE, en su sitio web, pero enfocado al trato recibido por parte del personal directivo de The Workshop. El resultado fue rojo, es decir, actuación. Para el abogado Ruiz del Ángel, la institución educativa “se pudo haber cuidado al solicitar la intervención de la Secretaría de Educación”.
En 2025, la dirección académica de The Workshop Mérida fue ocupada por Omar Arroyo Hernández, quien en su página de LinkedIn solo aparece como “psicólogo clínico” con maestría por la Universidad Anáhuac Sur, en Ciudad de México, sin estar actualizado su estatus profesional actual. En LinkedIn se presenta como “coordinador de lenguaje” de la Prepa Anáhuac Mérida, desde julio de 2023 hasta la actualidad.
A partir de su ingreso, los padres y madres de familia reportaron el declive educativo, emocional y social de sus hijos.
Joven Bruno
Tras el ingreso de Arroyo Hernández, el joven Bruno*, de 14 años, recibió 153 reportes por su comportamiento por parte de The Workshop entre mayo y noviembre de 2025 (según declaró su padre), a 25 reportes por mes, más de uno al día. Entre el 9 de septiembre y el 9 de diciembre, tres meses, recibió 34 infracciones.
En su denuncia ante la Fiscalía General del Estado de Yucatán, Martha*, la madre de Bruno, expuso que el 1 de octubre tuvo una junta donde “se mencionaron diferentes reportes que tenía Bruno, como que llegaba tarde a clases o que había comido o tomado agua en clases, nuestro trato fue que iba a hablar con Bruno de lo sucedido”. Su hijo fue suspendido por un día. “El director prácticamente no tenía conocimiento o antecedentes de Bruno”, declaró su madre.
Tras la junta, “Omar Arroyo Hernández, empezó a ejercer violencia y agresión verbal y emocional directa en contra de” su hijo, declaró Martha.
Durante esa etapa, en el interior de la familia de Bruno, conformada por su madre, Martha, y la pareja de ella, Tomás* (quien realiza labores de cuidado del menor) y su padre biológico, Arturo Barraza (ubicado en Ciudad de México), sostuvieron charlas con Bruno, al notar que su comportamiento se transformó.
Barraza notó cambios en su actitud. Acusa de acciones que atentaron contra la intimidad y el libre desarrollo de su hijo, como cuestionar su liderazgo y tres situaciones con Arroyo Hernández que lo pusieron en alerta:
- Su hijo colocó una calcomanía de otro instituto educativo, al que ingresaría en la preparatoria. “El director empieza comentarios alrededor de eso, pero con una conducta de golpear la banca, de acercarse al oído de Bruno y ejercer su poder”. Barraza declaró que el iPad, la computadora, el celular, la mochila son propiedad privada y la institución educativa no puede ejercer su reglamento sobre ello.
- Otro de los comentarios fue que si Omar Arroyo Hernández fuera el padre de Bruno, que él seguro lo metía en una academia militarizada.
- Barraza declaró: “me pareció delicadísimo que el director se acercó a Bruno, lo cuestionó por su uniforme de deportes, por sus shorts. Le dijo a Bruno: ‘¿no crees que tus shorts están un poco cortos, que están un poco entallados?’”
Barraza consideró que era delicado lo que sucedía porque “los comentarios iban desde una forma muy sencilla de acoso psicológico hasta un último comentario que se podía prestar a una interpretación inclinada hacia la sexualidad”.
“Aquí lo que nos preocupó fue que: número uno, se había normalizado ese tipo de comentarios en la mente de mi hijo; y número dos sí notamos el cambio en la esencia completa de Bruno en sus conductas en la casa”, señaló.
Tras escuchar los comentarios de su hijo, el 13 noviembre, Martha y Tomás acudieron presencialmente a una reunión con Arroyo Hernández. Barraza asistió de manera virtual, desde Ciudad de México. Su hijo participó a la junta, donde “externó como se sentía humillado y vejado”, declaró su madre a la Fiscalía, quien también reportó que la minuta no les fue entregada por The Workshop. El director ofreció disculpas a Bruno y le dijo que admiraba su liderazgo, a pesar que lo había cuestionado en semanas anteriores.
Barraza señaló que tras esa reunión “parecería que hicimos enojar a alguien (…) ahí se destapan varias cosas yo no me quedo tranquilo después de la junta en la junta de noviembre el director termina acorralado”.
Un mes después, Bruno fue acusado de acoso sexual por parte de la directiva escolar.
Su madre declaró:
“El director les dijo [a los jóvenes] que unas niñas habían ido a acusarlos de que se sentían muy incómodas gracias a sus actos, como supuestamente hablar de ellas en secreto y en tono de burla, señalar a las niñas que pasaban y decir cosas de su físico. El director les preguntó si lo habían hecho o no y ellos dijeron que no, hicieron una cara de confusión y de sorpresa, el director al ver su expresión se enojó y los señaló diciéndoles ‘no hagan como si no saben, porque yo sé que lo hacen y muy bien’ en un tono autoritario e intimidatorio, y les seguía incitando a que aceptaran la versión de las niñas. Bruno trató de explicar lo que había pasado y cada vez que trataba de hablar y de saber más de lo que había pasado, el director manipulaba y suponía lo que Bruno le decía”.
“El amigo de Bruno nos dijo que llamaron a su mamá a la escuela, yo me puse en contacto con ella para saber que le habían dicho y solo le dijeron que le pedían que su hijo dejara de hacer bromas a las niñas. Durante esa semana estuvieron llamando tanto a niñas como a niños a la oficina del director para testificar en contra de Bruno”, consta en la declaración materna a la Fiscalía.
Barraza señaló: “dos de sus mejores amigos le están diciendo que que fueron convocados a la dirección de la escuela y que fueron cuestionados alrededor de lo que había sucedido ese día, que estaban en un pasillo, el grupo de niñas, el grupo de niños y que las niñas se fueron a quejar. El director estaba ejerciendo presión en un interrogatorio diciéndoles que que si confesaban en contra de Bruno no los iban a calificar de cómplices porque la situación podía presumirse como una acusación de acoso sexual”.
Ruiz del Ángel declaró que aparentemente su suspensión ocurrió a partir de situaciones intencionales buscadas por la escuela o personal de la misma.
Tras las vacaciones decembrinas, la familia de Bruno fue convocada de nuevo por Arroyo Hernández a The Workshop. La reunión se llevó a cabo el 12 de enero con el director y una persona que primero se presentó como integrante del comité administrativo, quien resultó ser el abogado del colegio, Josué Sandoval Cantón. Les informaron la suspensión de su hijo, aunque no les entregaron las copias con los motivos.
Durante la discusión, los padres de Bruno cuestionaron la presencia no informada del abogado. Tomás expresó ante él y Arroyo Hernández: “esto va en contra de la ley”, a lo que Sandoval Cantón respondió: “eso me lo echaré yo al plato”.
Esa noche les notificaron vía correo electrónico su suspensión física: “Derivado de las denuncias de acoso sexual por parte de varias de las alumnas es esta Institución (…) de estar suspendido de la Escuela y no podrá asistir a clases. Con el fin de garantizar su acceso a la educación, el deberá tomar sus clases a distancia a través de la Plataforma Schoology”.
También comunicaron la rescisión de contrato “especialmente por los comentarios de la persona que la Señora Martha llama ‘Su Novio’ mismo que no tiene derechos sobre el menor y por lo mismo carece de cualquier derecho a opinar respecto a la forma en que esta Escuela lleva a cabo sus servicios de educación, pues sus comportamiento agresivo y ofensivo hacia el personal directivo durante la reunión en el Plantel Komchén”.
Barraza respondió que la respuesta es “es desproporcional, desmedida y atenta contra el interés superior del niño, niña y adolescente”; que Tomás, pareja de Martha, también ejerce los cuidados a Bruno y “vive bajo su techo en armonía (…) por lo tanto tiene el derecho, el deber y obligación de acudir las reuniones escolares”.
En un correo electrónico, el abogado Sandoval Cantón respondió: “Respecto a sus apreciaciones personales, está usted en su derecho de opinar como lo hace. Si siente que los derechos del niño fueron transgredidos, están los Tribunales a su disposición para dirimir estos asuntos”.
La familia solicitó al abogado Ruiz del Ángel para presentar una queja ante el Consejo Estatal contra la Discriminación, una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey), una queja interna ante interna ante la Secretaría de Educación de Yucatán, la denuncia ante la fiscalía yucateca, un amparo para la reinserción de Bruno a las clases, queja ante la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor (Profeco) y demanda civil por incumplimiento de contrato por parte de la escuela.
Al momento de la publicación, no se recibió respuesta de la Codhey.
Ante las acusaciones escolares contra su hijo, Barraza recurrió a un peritaje psicológico. La evaluación, realizada por la psicóloga Eunice Cedillo de la Borbolla Sola, indicó que Bruno no tiene “rasgos de personalidad antisocial estructurada”, ni “peligrosidad estructural”. Pero sí manifestó afectaciones emocionales posterior a la suspensión.
“Si los chavos actúan mal, los adultos, directivos, padres de familia y docentes, involucrados deberían ejecutar los protocolos adecuados”, declaró Barraza. Sin embargo, considera que The Workshop no respetó protocolos.
Ruiz del Ángel señala que existió “acoso escolar, violencia escolar, señalamientos infundados en contra del adolescente, inadecuado manejo de situaciones escolares, discriminación, por parte del Director de The Workshop, Instituto de Educación Progresiva”.
Joven Peter
Después de que Arturo Barraza denunciara públicamente el acoso de la administración de The Workshop Mérida contra su hijo, otra familia alzó la voz para exponer los ataques recibidos en la institución desde el ciclo escolar pasado y se repitió en cuanto inició el presente ciclo escolar; sin embargo, la expulsión del menor ocurrió antes de los sucesos que derivaron en la suspensión de Bruno. Pero el testimonio de Peter*, de 13 años de edad, y su madre Maya* exponen un patrón que se repite al interior de The Workshop.
Peter decidió contar su experiencia:
“Entré en agosto de 2024 para iniciar primero de secundaria, al inicio todo parecía normal y me sentía muy contento, pero al paso de unos pocos meses comenzaron a ponerme reportes y señalarme por casi absolutamente cualquier cosa. A mediados de curso 24-25, corrieron a uno de los profesores y pusieron a [María Teresa Fernández] como sustituta hasta que entró un profesor adecuado. Ella era la psicóloga de la escuela que nos daba Formación Cívica y Ética, sin motivo aparente me señalaba o daba indirectas de que era un acosador o bully, me sentía intimidado todo el tiempo. Hasta mis compañeros llegaron a decirme ‘oye, ¿viste que te señaló?’. Me empecé a sentir incómodo y le dije a mi mamá. Mi mamá quiso pedir una cita con ella, pero la escuela se adelantó, citándola en varias ocasiones, sin importarles que mi mamá trabaja y tenía que ausentarse demasiado de su trabajo”.
Indicó que la directiva del ciclo escolar pasado “comprendía más” y ayudaban mejor a realizar los cambios, pero [María Teresa Fernández] “la docente que me acosaba desde antes, me hizo saber que era una persona terrible, como una persona mala, como un acosador, un bully. Me sentía humillado. Inclusive, la dueña de la escuela llegó a decirme que iba a terminar en el crimen organizado si seguía con mi conducta”.
Peter contó que a un compañero, un directivo (que no identificó) le dijo que debía rasurarse las piernas “porque era antihigiénico y demostraba rebeldía”.
También contó sobre un incidente con un compañero suyo durante el descanso, mientras jugaban fútbol a mediados del curso escolar 2024-2025. El incidente fue arreglado entre los jóvenes, sin embargo, Peter fue castigado por el resto del ciclo escolar, sin que se le permitiera jugar fútbol en los descansos, ni tomar la clase de educación física de manera normal para participar con sus compañeros.
“Cuando ingresaba a la cancha, era expulsado. Muchas veces no hacía nada durante la clase, en otras había actividades como resúmenes sobre quién inventó el béisbol, pero lo peor fue que por esto, obligaron a mi mamá a que me enviara a terapia con una psicóloga”
En otra ocasión, se le prohibió el acceso a la cafetería, sólo permitiendo la compra de los alimentos y consumirlos afuera.
A petición de la escuela, Peter acudió con un psicólogo particular para tratar la prohibición escolar para jugar fútbol y participar en la clase de educación física, pero nunca le dieron seguimiento a las terapias para levantarle el castigo.
Contó que en varias ocasiones la escuela lo acusaba de que “mucha gente” se quejaba de él, pero nunca le comentaban quién ni le daban detalle de alguna situación en particular y citaban por lo mismo a su mamá, pero tampoco se lo confirmaban, entonces no había certeza de nada, sintiéndose cada vez más acosados e intimidados. Y, como también sucedió con Bruno, [María Teresa Fernández] realizó una indagación con alumnos para preguntarles si Peter los molestaba.
Peter dijo: “A mediados de primero de secundaria un compañero me comentó ‘¿sabías que Tere me preguntó si tú me molestas, si me haces bullying? y me dijo que les estaba preguntando lo mismo a varias personas. Me incomodé y supe que en algún momento mi mamá le pidió que dejara de hacerlo porque eso no era correcto”.
Sobre la metodología antiacoso de The Workshop, su madre Maya explicó que al inicio del presente ciclo escolar, la escuela citó a todos los padres de familia para presentarles las novedades al respecto, ahí Caty Franco hizo hincapié en que por cualquier cosa por más mínima que fuera, sucediera en la escuela o fuera de ella, sin pruebas, simplemente con que alguien te señale, los niños se irían expulsados de la escuela, incluso comentó que no le importaba quedarse con dos alumnos, eso a ella le pareció que era una actitud retadora y agresiva, lo que era contradictorio al antiacoso, es decir, no se predicaba con el ejemplo.
Peter comentó, “seas la víctima o el que lo ocasiona, no se realizaba una investigación más a fondo. También los testigos eran castigados, se te castiga o se te señala como alguien que colaboró; si te pones del lado del otro, más o menos lo mismo”. El castigo, explicó, son: citas con los padres, la suspensión y lo que siguiera.
Peter primero fue suspendido, justo cuando comenzaban los exámenes y le fue negado el derecho a presentarlos porque alguien lo acusó a él y a otros dos compañeros de molestar a alguien, pero no hubo pruebas de nada y tampoco sentaron a los niños a platicarlo para saber si era cierto o sólo eran situaciones comunes de la edad.
Le fue notificado de palabra a su madre que ya estaba expulsado de manera definitiva, sin derecho a réplica, ni pruebas, ni confirmación por escrito. “Se negaron a darme algo por escrito y nunca más me contestaron un correo, al día de hoy no me han notificado por escrito la expulsión”.
Tras lo ocurrido, Maya acudió a la Segey, pero en la dependencia le respondieron que no podían solicitar a una escuela aceptar a un niño que no quieren; sin importarles que estaban violando su derecho a la educación y aun sabiendo que no habían realizado el protocolo para expulsión, cosa que evidentemente no hubiera podido progresar, ya que no había ningún motivo que mereciera expulsión, cuatro meses después la Segey sólo se limitó a comentar que The Workshop recibió recomendaciones.
Maya contó que estaba claro que había habido discriminación, ya que los otros dos compañeros no fueron expulsados y se registraron situaciones absurdas, como que un amigo de Peter no le correspondió a una joven y a Maya se le solicitó firmar un reporte de activación del protocolo de antiacoso escolar sólo porque el niño era amigo de Peter.
Su madre reveló que en la cita donde le notificaron de un inicio la suspensión, la directora de The Workshop, Caty Franco, le afirmó que “su hijo ya no debería ir al psicólogo, que debería ir al psiquiatra y estar medicado (…) además me dijo que mi hijo iba a terminar como un bandolero, que era una persona llena de odio y todo el tiempo mencionó que ya podía ir a la cárcel”.
Franco le preguntó si su hijo iba al psicólogo, ella respondió que fue durante un mes a solicitud de la escuela, pagando $8,500 de terapias en un mes, algo que por supuesto no podía seguir pagando. La directora respondió en tono de burla que eso era imposible.
El 07 de octubre de 2025, Peter fue suspendido y el 10 del mismo mes fue expulsado de palabra, sin papeles o pruebas que lo acreditaran. Maya declaró ante la fiscalía estatal: “le pregunté a Omar Arroyo si me entregaría la expulsión por escrito y me respondió que no”. No se le ha notificado la expulsión hasta ahora.
En este caso, Ruiz del Ángel, abogado defensor de Peter, señaló que aparentemente hubo “indiferencia de la Segey y tampoco se le dio importancia a su madre, ya que hubo muchas inconsistencias por parte de The Workshop y la Secretaría de Educación de Yucatán”.
Tras la separación de Bruno y Peter de The Workshop, ambas familias reportaron secuelas en ellos después de la violencia emocional ejercida en su contra, así como el declive de sus calificaciones, la dificultad de encontrar otras instituciones educativas que los aceptaran por la etiqueta que les colocaron de manera injusta, sin pruebas, establecidos por The Workshop, y el desinterés por parte de la Segey para actuar, con respuestas como que “si la situación ya se resolvió, para qué quieren proseguir con la queja, esto en relación a que ambos adolescentes ya lograron colocarse en otra escuela, cosa que se logró gracias a los padres, ya que la Segey nunca intervino para apoyarlos”.
La Segey contradijo a los padres y madres. En su respuesta, la Dirección Jurídica de la Segey indicó que “derivado de las situaciones del caso en cuestión, los menores involucrados fueron dados de baja de la institución educativa por motivo de traslado a otro plantel a voluntad de sus tutores”.
Las familias cuestionaron la falta de respuesta de The Workshop de acuerdo con el Protocolo de Actuación ante el Acoso escolar en Escuelas Públicas y Particulares en Yucatán, establecido por la Secretaría de Educación de Yucatán (Segey).
La Secretaría de Educación yucateca respondió: “el seguimiento de las quejas fue atendido por el Departamento de Escuelas Particulares de la Secretaría, actuando de acuerdo a los protocolos vigentes y correspondientes al caso”. Se solicitó a la Segey información detallada sobre la implementación de los protocolos, pero al momento de la publicación no se recibió respuesta.
Para el abogado Ruiz del Ángel, la institución educativa “se pudo haber cuidado al solicitar la intervención de la Secretaría de Educación”.
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