Mié. Feb 11th, 2026
No reconocerlas y atribuir sus descubrimientos a los hombres afecta su integración y desarrollo científico. Sólo tres de cada 10 personas que se dedican a estas disciplinas en el mundo son mujeres

En 1938, Lise Meitner hizo un descubrimiento a partir de un experimento de su colaborador Otto Hahn: la fisión nuclear. El hallazgo se convirtió en una contribución crucial para comprender la composición de los átomos. Sin embargo, en 1944 sólo a Hahn se le otorgó el Nobel de Química. Este es un ejemplo de lo que hoy se conoce como el efecto Matilda.

“En 1990, Margaret Rossiter denominó así a un sesgo de género en la ciencia que hace que los nombres femeninos se omitan de las contribuciones relevantes o que se atribuya el crédito sólo a hombres. El término alude a Matilda Gage, sufragista estadounidense decimonónica que planteó que los descubrimientos hechos por científicas e inventoras no se les reconocían”, indica Paula Ximena García Reynaldos, titular de la Coordinación de Docencia del Instituto de Química de la UNAM.

Esta problemática, además de invisibilizarlas a lo largo de la historia, obstaculiza la integración de niñas, adolescentes y mujeres a las ciencias, o que se dediquen a ellas. En el mundo, sólo tres de cada 10 lo hacen.

Estudiosa de lo subatómico

Meitner nació en Austria, en 1878. Pese a vivir en una época que limitaba el acceso a estudios superiores a las mujeres, el haber crecido rodeada de intelectuales, el apoyo de su padre y madre, y su gran inteligencia y pasión por la física, le permitieron ingresar a la Universidad de Viena en 1901 y convertirse en una de las primeras doctoras en Física en el mundo.

Para tomar clases con Max Planck, se mudó a Berlín. Su estancia en Alemania se alargó tres décadas y en ese lapso comenzó a colaborar con el químico experimentalista Otto Hahn. Ambos estudiaban la composición y comportamiento de los átomos al bombardearlos con otras partículas subatómicas. Generalmente, él se encargaba de los experimentos y Lise Meitner de su interpretación. Una dupla perfecta.

“Se incorporó a un área de investigación dominada completamente por hombres. Su desempeño e ideas le abrieron camino y logró ser profesora y jefa del departamento de física en la universidad donde laboraba. Sin embargo, en 1938 huyó del régimen nazi por ser judía. Se refugió en Suecia y desde ahí continuó trabajando con Hahn”, comenta García.

Sin reconocimiento a su trabajo

El papel de Meitner en el mundo científico hizo que Einstein le pusiera el mote de la Madame Curie alemana, y no era para menos, pues en Suecia hizo un descubrimiento de gran relevancia para el estudio de la física nuclear, que se encontraba en pleno auge a principios del siglo XX.

En conjunto con su sobrino Otto Frisch, describió los resultados de un experimento que Hahn le comunicó en una carta. “Él bombardeó con neutrones el núcleo de un átomo de uranio esperando que se hiciera más grande, pero eso no ocurrió y no entendía la razón. Al compartir esa información con Meitner, ella y Frisch sugirieron que el átomo se rompía en otros más pequeños. A ese proceso le llamaron fisión. Además, vieron que la ruptura generaba mucha energía”, apunta García.

Tal resultado salió a la luz en 1939 en una revista alemana y fue firmado, únicamente, por Otto Hahn y su colaborador Fritz Strassmann. Aunque poco después la revista Nature publicó la interpretación de Meitner y Otto Frisch, sólo Hahn recibió el Nobel de Química en 1944 por el hallazgo.

Paula García subraya: “Lise no tenía duda de la calidad de su trabajo y de sus conclusiones, aunque sabía que era difícil que le dieran crédito en ese momento. Incluso, en sus comunicaciones con Hahn, expresaba sus preocupaciones sobre el reconocimiento que podría tener respecto a los descubrimientos que hacían en conjunto, pues a los resultados obtenidos por mujeres no se les daba el mismo valor que a los de los hombres”.

Agrega que era notorio que la explicación de Meitner completó la descripción del fenómeno físico y, pese a ello, el comité del Nobel decidió no premiarla. “Podría pensarse que influyeron las circunstancias geopolíticas (aún no terminaba la Segunda Guerra Mundial), pero aun así es clara la omisión de su nombre y la falta de reconocimiento. De hecho, ella sí estuvo nominada y simplemente optaron por no dárselo”.

En 1901 se entregaron los primeros Nobel de Física y Química. Hasta 2025 había 427 personas galardonadas y sólo 13 eran mujeres. Lo sucedido con Meitner ejemplifica el efecto Matilda. “No es sólo que los hombres se roben el crédito, es una situación institucional. Pese a lograr resultados y desarrollos importantes, no se nos concede el mismo valor”.

Meitner no reprochó a Hahn la falta de reconocimiento; sin embargo, sí lo hizo por su trabajo en la Alemania nazi, pues esta física austriaca siempre puso por delante su ética. Por ello, cuando la invitaron a participar en el proyecto Manhattan para elaborar la bomba atómica, se negó a colaborar en la creación de un arma. El descubrimiento si bien tuvo una aplicación destructiva, acota Paula García, también se ha usado con fines positivos.

“La gran cantidad de energía generada por la fisión se usa para calentar agua que, al hervir, mueve turbinas y produce electricidad de forma más limpia que otros métodos, ya que no genera gases de efecto invernadero”.

Meitner fue reconocida por su aporte a la fisión nuclear de manera tardía. En la década de los 60 del siglo XX, cuando estaba por retirarse de su larga trayectoria, recibió el Premio Enrico Fermi de Física.

Impacto en niñas y adolescentes

El efecto Matilda tiene impactos cuantificables. Según la UNESCO, tres de cada 10 personas de la comunidad científica a nivel mundial son mujeres. El 22 por ciento de los puestos de trabajo en ciencias, ingeniería, tecnología y matemáticas en los países del G20 le corresponde a ellas, y sólo una de cada 10 asciende a lugares de liderazgo.

En México, el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores reporta que cuatro de cada 10 son mujeres. “Hay un equilibrio numérico de género entre quienes completan el bachillerato o estudian una carrera científica, pero al avanzar a los posgrados, la cantidad de ellas baja, quizá por no tener referentes suficientes para sentirse aptas para ocupar esos lugares o porque, al no ver a otras en puestos de liderazgo en la ciencia, creen que es por incapacidad y eso es erróneo: son las circunstancias las que no favorecen la igualdad sustantiva”.

Por ello, Paula García, doctora en Ciencias Químicas, se ha dedicado a la divulgación científica desde 2007 y a rescatar las historias de aquellas que contribuyeron en descubrimientos que hoy permiten entender cómo es el mundo. Bajo esta óptica, en 2023 compiló la Antología de mujeres en la ciencia, de la revista ¿Cómo ves?

“Nosotras siempre hemos estado presentes y construido el conocimiento científico. Las instituciones y la sociedad deben hacer el esfuerzo por sostener la necesidad que tenemos de dedicarnos a las ciencias y crear espacios de colaboración incluyentes”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *