Mar. Feb 3rd, 2026
Durante mucho tiempo, cuando se habla de separación, divorcio o crianza no tradicional, aparece un fantasma incómodo: el del padre ausente. Ese que “desapareció”, que solo deposita una pensión (cuando la deposita), que no sabe el nombre de la maestra ni la talla de zapatos de sus hijos. Y sí, ese padre existe. Pero no es el único. El problema es que su sombra ha sido tan grande que ha borrado a todos los demás.

Ser padre de fin de semana es cargar con ese estigma desde el primer día. Basta decir “veo a mis hijos viernes, sábado y domingo cada quince días” para que alguien, sin mala intención, te mire con lástima o sospecha. Como si el tiempo definiera el amor. Como si la presencia solo contara en horas y no en vínculos.

La ausencia no siempre es física. Hay padres que viven bajo el mismo techo y no están. Y hay otros que, aunque no duermen todos los días en la misma casa, están presentes en las tareas, en las decisiones difíciles, en las crisis emocionales, en los silencios que piden compañía más que consejos.

Romper el mito del padre ausente implica reconocer que la paternidad no se mide por la custodia, sino por la responsabilidad. Por la constancia. Por llegar aunque el tráfico esté imposible. Por escuchar historias repetidas con atención genuina. Por aprender a peinar, a cocinar lo básico, a preguntar cómo estuvo el día sin mirar el celular.

También implica aceptar que muchos padres estamos aprendiendo en terreno hostil. Un sistema que a veces nos asume secundarios, una narrativa social que nos coloca como apoyo y no como figura central, y una educación emocional que no nos preparó para cuidar, sino para proveer. Aun así, estamos aquí. Reescribiendo la paternidad a fuerza de ensayo y error.

No se trata de competir con la madre ni de pedir aplausos. Se trata de nombrar una realidad más amplia y justa: hay padres presentes, aunque no encajen en el molde tradicional. Padres que aman, que fallan, que se cuestionan, que se quedan.

Romper el mito del padre ausente es permitirnos existir sin disculpas. Es decirles a nuestros hijos, con hechos y no con discursos, que no estamos de paso. Que aunque el calendario marque “fin de semana”, el compromiso es de tiempo completo.

Nos leemos el próximo domingo.

Andrés Ugalde Rivas.- Soy padre de dos hijos, abogado, docente universitario, y constante cuestionador de la masculinidad actual. Amo a Sansón y Dalila mis perros, y me gusta el ciclismo y nadar.

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