Mar. Feb 3rd, 2026
En Yucatán, hablar de sexualidad sigue siendo incómodo. Aunque el estado presume indicadores de cohesión social y valores familiares fuertes, el silencio alrededor del sexo no ha evitado que niñas, niños y adolescentes aprendan sobre él, solo ha desplazado esa educación hacia internet. En ese vacío, la pornografía se ha convertido en una referencia temprana —y muchas veces no cuestionada— para entender el deseo, el cuerpo y las relaciones íntimas.

Internet antes que la conversación

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Educación Integral en Sexualidad (EIS, 2023), el 71 % de jóvenes en México recurre a internet para resolver dudas sobre sexualidad, mientras que menos de un tercio lo hace en la escuela o en el hogar. En estados con fuerte arraigo conservador, como Yucatán, especialistas advierten que la falta de diálogo familiar incrementa la búsqueda individual y silenciosa de información, muchas veces a través de contenidos pornográficos.

Aunque no existen cifras estatales desagregadas sobre consumo de pornografía, México se ubica entre los cinco países con mayor tráfico en plataformas pornográficas a nivel mundial, lo que indica que Yucatán no es una excepción, sino parte del patrón nacional.

Expectativas irreales en contextos tradicionales

La pornografía muestra una versión del sexo sin pausas, sin negociación y sin torpeza. Cuando este modelo se consume en contextos donde no se habla de consentimiento, placer mutuo ni diversidad corporal, el impacto es mayor. Jóvenes y adultos pueden asumir que:

  • El deseo debe ser inmediato.
  • El rendimiento sexual define el valor personal.
  • El cuerpo debe responder siempre y de cierta manera.
  • Preguntar o dudar es señal de debilidad.

En Yucatán, donde persisten roles de género rígidos, estas ideas suelen reforzar una masculinidad asociada al desempeño y una feminidad ligada a la complacencia, dificultando relaciones sexuales más equitativas y comunicativas.

Autoestima, culpa y frustración

La comparación constante con cuerpos y prácticas irreales puede afectar la autoestima y la vivencia del placer. Investigaciones en población mexicana han señalado que el consumo frecuente de pornografía puede asociarse con ansiedad de desempeño, insatisfacción sexual y dificultades para excitarse en relaciones reales, especialmente cuando no existe educación sexual integral que permita contextualizar lo que se ve en pantalla.

En contextos comunitarios cerrados, como algunos municipios del interior del estado, estas dificultades rara vez se verbalizan. La consecuencia no es solo individual, sino relacional: parejas que no hablan, que asumen, que se frustran en silencio.

Cuando la pornografía sustituye a la educación sexual

La Secretaría de Salud y organismos civiles han advertido que la edad promedio de primer contacto con pornografía en México ronda los 10 años, una etapa en la que aún no se comprenden conceptos como consentimiento, intimidad o autocuidado. Sin acompañamiento adulto, la pornografía termina enseñando lo que la familia y la escuela callan.

Esto no significa que la pornografía sea, por sí misma, el enemigo, sino que no puede ser la única narrativa sobre el sexo. No enseña a comunicar límites, a respetar tiempos ni a reconocer emociones.

Hablar también es prevención

En un estado donde la conversación pública sobre sexualidad sigue siendo limitada, hablar de pornografía es una forma de prevención, no de promoción. Implica reconocer que existe, que se consume y que influye. También abre la puerta a preguntas necesarias:
¿De dónde vienen nuestras expectativas sexuales?
¿Qué parte de nuestro deseo es propio y cuál fue aprendida en una pantalla?

La educación sexual con enfoque afectivo y comunitario —adaptada a la realidad cultural de Yucatán— es clave para que el deseo deje de construirse desde la culpa y empiece a pensarse desde el cuidado, el respeto y la comunicación.

Fuentes:

  • Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir. Encuesta Nacional sobre Educación Integral en Sexualidad, 2023.
  • Secretaría de Salud / CENSIDA. Educación sexual y salud reproductiva en adolescentes.
  • Estudios comparativos México–España sobre consumo de pornografía y conductas sexuales de riesgo (PubMed, 2023–2024).
  • Reportes de tráfico digital en México (Expansión, 2023).

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