Mar. Ene 27th, 2026
Todo empezó con un café, una conversación sin certezas y una pregunta lanzada al aire: ¿y si emprendemos algo juntas? No había un producto definido, solo una intuición compartida entre tres mujeres que estudiaban la maestría y sentían que no querían quedarse únicamente con la teoría. Querían construir algo propio.

Así nació Orgēn, el proyecto creado por Samantha Landazuri Nova, Estefanía Estrada Ávila y Karen Almeida Contreras, tres perfiles distintos que, sin saberlo del todo, ya estaban destinados a encontrarse en el mismo camino:el del emprendimiento honesto, artesanal y con propósito.

Ellas no venían del mismo lugar profesional. Samantha tenía experiencia en ventas e inmobiliaria. Estefanía trabajaba en una agencia de publicidad y marketing. Karen, desde la contabilidad, aportaba la estructura que todo negocio necesita. Diferentes talentos, una misma inquietud: crear algo que tuviera sentido.

Durante semanas lanzaron ideas al aire. Bikinis, fotografía, otros productos. Hasta que Estefanía llegó con una observación que cambiaría el rumbo: el crecimiento del mercado de cosmética natural y jabones artesanales no era una moda pasajera, sino una respuesta a una necesidad real. Productos más honestos, menos químicos innecesarios, más conciencia sobre lo que ponemos en nuestra piel.

Ahí algo hizo clic.

Pero no fue solo el mercado lo que convenció al equipo. Karen lo dice sin rodeos: lo que terminó de impulsarla fue la confianza. Saber que no estaba sola. Que cada una cubriría los vacíos de la otra. Que el proyecto no dependía de una sola persona, sino de un equipo que se complementaba.

Durante meses no hubo ventas, solo pruebas. Texturas que no funcionaban, fórmulas que se derretían demasiado rápido, tiempos de maduración que obligaban a esperar. Jabones que no cumplían con lo que ellas querían ofrecer. Y volver a empezar.

Detrás de Orgēn hay algo más que intuición: hay ciencia, ensayo, error y, finalmente, certeza y confianza. Con el apoyo de conocimientos en ingeniería química y capacitaciones especializadas, desarrollaron fórmulas propias. No réplicas, no recetas genéricas. Jabones diseñados desde cero, pensados para distintas necesidades de la piel.

Su primer bazar llegó en septiembre. Vendieron todo su stock. Pero lo más valioso no fue el dinero, fue el feedback. Personas conocidas y desconocidas probando el producto, opinando, sugiriendo, señalando áreas de mejora. Orgēn no crece desde la perfección, sino desde la escucha.

Hoy la marca no solo vende jabones faciales, corporales y para manos. También sumaron velas artesanales y están preparando una línea completa: cremas, body butter, shampoo sólido, acondicionadores, exfoliantes y accesorios sustentables. Todo bajo una misma idea: transformar la rutina diaria en un ritual.

Para ellas, bañarse no es solo higiene. Es intimidad. Es pausa. Es ese momento pequeño pero poderoso donde alguien se elige a sí mismo después de un día largo. Orgēn quiere habitar ahí: en el cuidado personal como acto de amor propio.

Samantha lo explica desde la experiencia: hay productos de Orgēn que, una vez que los usas, ya no los puedes soltar. Como su jabón de carbón activado, que se volvió parte obligatoria de su noche. No por moda. Por resultado. Por sensación. Por calidad.

Y es ahí donde Orgēn marca una diferencia: no buscan ser “barato por ser artesanal”. Buscan dignificar el trabajo hecho a mano, los ingredientes bien elegidos y el valor real del proceso. Apostar por insumos responsables, empaques como el papel de arroz y una producción consciente, aunque eso implique ir más lento.

Emprender, dicen, también ha sido aprender a sacrificar. Fines de semana trabajando. Noches produciendo stock. Días largos entre la maestría, empleos formales y el negocio. Pero también ha sido descubrir esa satisfacción extraña que llega cuando alguien te escribe para decirte que tu producto le gustó, que le ayudó con su piel, que ahora forma parte de su rutina.

Orgēn no quiere ser solo una marca más de jabones artesanales. Quiere construir identidad mexicana en la cosmética natural, aprovechar insumos locales, crear fórmulas propias y demostrar que lo artesanal también puede ser profesional, ético y de alta calidad.

Su nombre no es casualidad: Orgēn nace de la combinación entre orgánico y origen. Porque todo empieza ahí: en lo que somos, en lo que tocamos, en lo que decidimos poner sobre nuestra piel.

Hoy su historia sigue escribiéndose producto a producto, bazar a bazar, mensaje a mensaje. Y quizá eso es lo más inspirador: no comenzaron con una gran inversión ni con certezas absolutas. Comenzaron con una idea, un equipo sólido y la decisión de intentarlo.

Porque a veces emprender no es tenerlo todo claro. Es empezar, equivocarse, ajustar… y volver a creer.

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